martes, 30 de septiembre de 2008

Raul Gracia "el Tato"

Cuando Raúl Gracia, El Tato tiene cuatro años, su familia se traslada a vivir a la plaza de toros de Zaragoza, de la que su padre es nombrado conserje. A partir de ese momento, su vida se desarrolla en continuo contacto con lo taurino.

Cuando tiene la edad suficiente, El Tato ingresa en la Escuela Taurina de Zaragoza, pero será su padre el que conduzca sus primeras experiencias taurinas. Él le enseña el oficio y lo guía en sus primeras actuaciones en público. Raúl Gracia torea unos 30 becerros sin caballos hasta su debut con picadores, que se produce en Illueca (Zaragoza), el 27 de enero de 1990. En las tres temporadas que pasa como novillero suma un total de 60 festejos en los que hay que contabilizar la presentación en Las Ventas, donde acudirá en este periodo de tiempo en cinco ocasiones.

Al final de la temporada de 1992, la que fue su casa se convierte en escenario de su alternativa. La plaza de Zaragoza ve convertirse en matador de toros al niño que ha crecido entre sus muros la tarde del 7 de octubre de 1992. El Tato entra en el escalafón de matadores de la mano de Capea y en presencia de Ortega Cano, un cartel cuyo brillo no se correspondería con las sombras de los primeros pasos como matador de toros. Sin ir más lejos, El Tato sólo torea 9 corridas en 1993 y sube a 17 en 1994, año en el que empieza a ser tomado en consideración por méritos propios. Destacan en esa temporada las orejas que corta en Barcelona, la de Gijón o la salida a hombros en Zaragoza con una corrida de Sepúlveda.

Estos triunfos, unidos a los que logra a principio de 1995, le sirven para plantear una temporada más amplia ese año en la que alcanza las 34 corridas de toros. El Tato corta una oreja en Madrid en una corrida de Fraile y triunfa por todo lo alto con varias corridas de Victorino Martín como las de Teruel o Huesca, en las que corta tres y cuatro orejas y rabo respectivamente.

El año 1996 quedará en la memoria de El Tato para siempre, pues abrió la Puerta del Príncipe de Sevilla un 27 de abril. Nada menos que 44 años tuvieron que pasar para que un torero no andaluz cruzase su umbral en volandas. Pero un mes más tarde vivió la otra cara de la moneda: acartelado tres tardes en San Isidro no sólo no pudo haber comunión con el público de Las Ventas -donde tantos logros había cosechado- sino que fue estigmatizado por un sector de la afición.

En el año 97, El Tato logra algo tan esperado como difícil en su carrera, y es el hecho de lograr, al menos en parte, desencasillarse de las corridas duras. Aún así, su nombre sigue apareciendo en los carteles junto a los 'victorinos', a los que no hace ningún feo y entiende como nadie. En esta temporada, El Tato, cosechó un enorme triunfo en Sevilla, estuvo bastante entonado en Madrid, tanto en San Isidro, como en Otoño, y por último en su tierra, Zaragoza, donde se anunció con seis reses del de Galapagar, de las que sólo pudo matar cinco al resultar cogido.

La temporada del 98 comenzó sin demasiados triunfos importantes, a excepción de Arles, plaza francesa en la que cortó tres orejas a un encierro de Atanasio Fernández. Tampoco ocurrió nada importante en Valencia, Castellón o Sevilla, donde un año más mató la corrida de Victorino Martín mano a mano con Pepín Liria, pero los resultados no fueron los esperados. El cenit de la temporada, que además cambiaría su rumbo tendría lugar en territorio galo, concretamente en la plaza de Mont-de-Marsan, en la que logra cortar tres orejas a una corrida de Victorino Martín. A partir de aquí se sucederían una serie de buenas actuaciones que tuvieron como escenario las plazas de Santander, Azpeitia, Huesca, Gijón, Andújar y Zaragoza.

No menos difícil para Raúl fue la temporada del 99. Fuera de las ferias de Levante, comenzó su andadura por plazas de primera en la feria de abril sevillana, donde en las dos tardes que estaba contratado no ocurrió nada relevante. El mismo número de actuaciones sumó en Madrid, pero los resultados fueron similares, tónica que se repetiría también en Barcelona, Arles, Jerez, Nîmes, Granada y Zaragoza. Si a estos datos le unimos que tuvo que permanecer casi un mes inactivo por culpa de una lesión en la mano derecha y unos problemas víricos, deducimos como el trayecto de la temporada del maño no iba precisamente por buenos derroteros. El 31 de julio tendrá lugar un acontecimiento que será crucial en su campaña. El Tato reaparece en Santander anunciado con toros de Victorino Martín, donde a pesar de no cortar trofeos, si que se aprecia un cambio de aires que se concreta en una palpable ilusión renovada, que se mantendrá el resto de la temporada. Prueba de ello son las dos orejas que consiguió cortar a un ejemplar de Cebada Gago, el 25 de septiembre en Logroño, o los tres apéndices que sumó en las dos tardes que hizo el paseíllo en Zaragoza.

El Tato puso fin a su carrera como matador de toros en el año 2001. Se despidió en Zaragoza durante la Feria del Pilar cortando una oreja jugandose la vida de verdad.

Posteriormente se dedicó a asesorar la carrera de un incipiente Julian López, "el Juli", a quien acompaño en sus primeros años como matador de toros. Más tarde la asociación se disolvería. Desde el pasado año cumple el mismo cometido con el joven diestro Julio Benítez, hijo de "el Cordobés".

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